
Teherán / Washington, 6 de marzo de 2026. El conflicto armado iniciado el 28 de febrero de 2026 entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en su séptima jornada sin señales de desescalada, convirtiéndose en una guerra regional que involucra ya a más de una docena de países del Medio Oriente.
La ofensiva conjunta estadounidense-israelí, justificada por la amenaza del programa nuclear y misilístico iraní, ha alcanzado cerca de 2.000 objetivos militares en Irán, incluyendo instalaciones nucleares, fábricas de misiles, búnkeres de mando y zonas urbanas en Teherán y otras ciudades.
Entre los impactos más graves destaca la muerte del líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, en un ataque inicial, lo que ha generado un vacío de poder y especulaciones sobre su sucesión (posiblemente su hijo Mojtaba). Las autoridades iraníes reportan más de 1.300 muertos civiles y militares, mientras que la Media Luna Roja eleva la cifra por encima de 1.400 en todo el país.
En respuesta, Irán ha lanzado oleadas masivas de misiles balísticos y drones contra Israel y aliados de EE.UU. en la región, alcanzando objetivos en al menos 13 países: Israel, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Baréin, Kuwait, Jordania, Irak, Siria, Líbano, Turquía, Omán y Azerbaiyán. Los ataques han causado decenas de muertes adicionales, incluyendo en Líbano (donde Israel intensifica bombardeos contra Hezbolá) y bases estadounidenses en el Golfo. Irán afirma haber tomado «control total» del estrecho de Ormuz, clave para el 20% del petróleo mundial, lo que ha disparado el precio del crudo por encima de los 90 dólares el barril y generado temores de crisis energética global.
El presidente Donald Trump ha endurecido su postura, exigiendo la «rendición incondicional» de Irán y descartando negociaciones a menos que Teherán abandone su programa nuclear y misilístico.
El Pentágono y las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron una «nueva fase» de la campaña, enfocada en destruir la industria de defensa iraní y lograr superioridad aérea total, con proyecciones de que el conflicto dure entre cuatro y seis semanas más. Irán, por su parte, rechaza cualquier alto el fuego y advierte estar preparado para una guerra prolongada, incluso ante una posible invasión terrestre estadounidense (que Trump califica de «pérdida de tiempo»).
La comunidad internacional está dividida: Europa condena la ofensiva como violación del derecho internacional, mientras el conflicto genera evacuaciones masivas, interrupciones en el comercio marítimo y temores de expansión hacia el Cáucaso o más allá.
Hasta el momento, no hay indicios de alto el fuego ni de un cambio de régimen inminente en Teherán, pese a la devastación militar sufrida por el país.